La Eva futura de Villiers: el androide como reacción antifeminista

Por Lavinia Laviosa

La Eva futura
Fatalismo, Jan Toorop

Introducción

En la ficción podemos rastrear la presencia de seres artificiales en numerosas obras desde la Antigüedad: muñecas, maniquíes, estatuas, gólems, autómatas, androides, cyborgs. La figura del androide nace a fines del siglo XIX, teniendo su primera aparición en la novela L’Eve future de Villiers de l’Isle Adam publicada en 1886.1Villiers de l’Isle Adam, Auguste, La Eva futura, Buenos Aires, 2020. Edición digital realizada por la autora de este artículo, disponible acá. La aparición de la figura del androide testimonia las reacciones adversas que se produjeron en el entramado social decimonónico ante los avances tecnológicos, que maravillaron y escandalizaron por igual a la sociedad cada vez más modernizada. La vorágine de estos avances además repercutió en las relaciones sociales en el marco del incipiente movimiento feminista cuya lucha por la emancipación amenazó el orden social patriarcal.

Esta problemática tendrá una impronta en las producciones literarias finiseculares que mayormente anhelaban revivir el ideal de mujer angelical en el imaginario misógino y patriarcal del siglo XIX. Es así como la figura de la mujer jamás ha estado más cosificada que en las lecturas diversas que la ficción alimentó: musa, bestia, animal, femme fatale. Ésta última es representada como emblema de la emancipación, pero también como paradigma de degradación y mal frente al ideal femenino.

La Eva futura como figura patriarcal

La problemática del límite entre el humano y la máquina cobró especial significancia en la literatura del siglo XIX. Si bien la figura tradicional del androide es “esencialista”, veremos en estas páginas en qué medida ya en esta figura se confunde lo artificial con lo real. Además, es posible señalar esta confusión de los límites entre lo real y lo artificial desde dos perspectivas que se complementan: por un lado, el androide  que deviene cada vez más humano; y por otro lado el ser humano que es transformado en androide. En esta línea interpretativa se inserta la novela que comentaremos en estas páginas, La Eva futura, de Villiers de l’Isle Adam, quien fue el primero en emplear la palabra “androide” antes incluso del género ciencia ficción.

La Eva futura
Raphaël Drouart

La Eva futura inaugura un tópico que recuperará tanto las filosofías posthumanistas como la ciencia ficción, a saber, la superación del humano a través de la máquina, que vendría a recubrir los aspectos negativos de éste. Así, La Eva futura plantea un camino que va de lo humano al androide como una forma de perfeccionamiento. Pero la novela decimonónica antes que proponerse difuminar géneros e ideales patriarcales a través del androide femenino, éste nace a partir de la necesidad nostálgica de retornar a la figura de la mujer angelical. De esta manera, en la novela de Villiers, el nacimiento del androide se circunscribe a las producciones ficcionales y reaccionarias que surgieron frente a la lucha de los movimientos feministas por su inminente emancipación.

De modo que antes de las ideologías abiertamente transhumanistas de la sociedad tecnológica que habitamos en el presente, en 1886 Villiers imaginó una trama heteronormativa y patriarcal en La Eva futura: el científico Thomas Edison, protagonista de la novela, emula ser Dios y crea una réplica mecánica como solución a los problemas sentimentales de su amigo el Lord Celian Ewald, que está prendado de la joven miss Alicia Clary. En este sentido, el imaginario de las criaturas “artificiales” viene a recubrir además de un interés científico una preocupación humanista. En este sentido, el androide femenino tiene un papel ambiguo: desde su origen mismo intrínsecamente representa el cuestionamiento de la naturaleza humana, pero a la vez es pensado a imagen y semejanza de la mujer (Alicia Clary).

Raphaël Drouart

Y, por otro lado, el androide aspira al ideal divino, a la perfección del original, y en este sentido a la superación negativa de la mujer. Ahora bien, el perfeccionamiento es pensado como una vuelta al estereotipo e ideal femenino de la mujer angelical. De modo que la figura del androide viene a satisfacer las necesidades afectuosas del hombre patriarcal que no soporta la amenaza del orden social por parte de la mujer. De manera que los autómatas vienen a recubrir las necesidades de relaciones sociales en un mundo cada vez más modernizado.

La ciencia ficción al servicio del posthumanismo

No obstante, La Eva Futura dista de ser lineal. En efecto, el androide es creado a imagen y semejanza de miss Alicia Clary, a quien supera en espiritualidad e inteligencia. Pero Villiers se vale de su repertorio decadentista para presentar al androide más cercano a la magia que a la ciencia. Así, éste hace una aparición mítica en el apartado “El pacto”. Y, en este punto, la ficción y la realidad se dan la mano difuminando sus límites. En efecto, el epígrafe de este capítulo cuestiona las fronteras entre el ser y la apariencia: “Ten cuidado. El que finge ser fantasma, llega a serlo”.2Villiers, de l’Isle Adam, La Eva futura, Op. Cit., p. 44.

Raphaël Drouart

En este sentido, es posible rastrear parte de la tesis de la superación de lo humano a partir del cuestionamiento del límite entre fantasía y realidad, entre ser y ficción. Pues, según la novela, ya “Hegel, en su prodigioso proceso antinómico, demostró que, en la idea pura del ser, la diferencia entre éste y la nada era una mera opinión”.3Ibidem., p. 76. Precisamente, el laboratorio que da vida a la Eva futura se nos presenta, antes que como cuna científica, como un escenario de magia blanca: “Parecía el laboratorio un lugar mágico: allí, lo natural tenía que ser lo extraordinario”.4Ibidem, p. 45.

De este modo, La Eva futura refleja los últimos manotazos que dio la ficción para revivir la figura de la mujer pura y esencial. Así, la mujer, que, como ya advertimos, en el siglo XIX estaba luchando y conquistando su independencia y autonomía, se convierte tanto en femme fatale como en androide femenino. Por cierto, resulta llamativo que el ideal de mujer sea un androide femenino al que, en una confusión irónica de los géneros, se le niega incluso el mote de “ginoide”. Entonces, el científico Edison sueña con la figura femenina más perfecta, capaz de llenar la soledad, instalada definitivamente en la vida del hombre moderno, que la era industrial impuso:

Miss Alicia Clary se os aparecerá no sólo transfigurada y con el trato más seductor, sino dotada de la más augusta elevación de espíritu, y esto para siempre, pues será inmortal. Esa necia magnífica no será una mujer, sino un ángel; no una querida, sino una amante. Dejará de ser la realidad y será el ideal.

La Eva futura, Villiers, de l’Isle Adam, p. 46

De este modo, la figura del androide viene a recubrir esa nostalgia por la mujer ángel, si bien hay algo de espíritu que se conserva como si estuviéramos ante una simulación que rehúsa los aspectos “negativos” de la mujer carnal. Villiers imagina una dinámica que será recurrente en la ciencia ficción: el androide, como imitación humana, es todavía una entidad electromagnética, pero espíritu en potencia. Así, esta Eva futura puede obtener espíritu, fantasma, a través del amor y en este sentido superar a la realidad:

En lugar de esa alma que os hastía en la mujer viviente infiltraré algo como un alma distinta, quizás menos consciente de sí misma (¿qué sabemos? Y, en suma, ¡qué importa!), pero sugeridora de impresiones más bellas, más nobles, más elevadas, revestidas de ese carácter de eternidad, sin el cual todo se torna comedia en esta vida.

La Eva futura, Villiers, de l’Isle Adam, p. 56

En rigor, el androide posee las mejores cualidades de la humanidad: no sólo está dotada de inteligencia, sino que incluso será animada a través del amor. Así, el que ama al androide femenino desdobla su alma en él, dotándole de vida. El androide será más humano que los humanos, un espectro-viviente que viene a cuestionar la realidad, puesto que lo artificial incita a la confusión. Y en este sentido, cabe preguntarse: “Si la asimilación o amalgama de lo artificial con el ser humano puede producir tales catástrofes, y puesto que tales hembras, física y moralmente, tienen mucho de androides, fantasma por fantasma, quimera por quimera, ¿por qué no se aceptaría la mujer artificial?”.5Ibidem, p. 106 Si bien la fascinación por lo artificial es parte de las directrices de la estética a finales del siglo XIX, encontramos un primer cuestionamiento del humanismo entre el ser natural y el ser artificial.

Conclusión

Para finalizar, podemos señalar de qué modo el androide, que es imaginado como una instancia capaz de rehusar los aspectos negativos del ser humano, escapa de sus orígenes conservando la posibilidad de volverse aún más cruel que el humano. En efecto, un tema recurrente en la ciencia ficción futurista posterior a La Eva futura es considerar que el alma, como elemento racional distintivo del ser humano, permitiría a la máquina hacerse de sentimientos y ansias de emancipación que provocarían la insurrección contra el hombre. Esta consideración nos abre el paso a múltiples conjeturas a la luz de filosofías “irracionalistas” del siglo XX, que consideran la razón instrumental como el arma más poderosa de dominio y explotación contra todo lo viviente, cuyo origen se remonta al Iluminismo.

La temática futurista que la vorágine científica signó con el nacimiento del autómata ganó espacio en el arte y perdura aún en nuestros días; desde los replicantes de Philip K. Dick cuya adaptación en Blade Runner (1982) es una de las obras más significativas que nos ha dejado el cine futurista. En esta misma línea se insertan las imaginaciones niponas como el manga Ghost in the Shell (1989), del que podemos señalar adaptaciones animadas como la de 1996 y la de 2004. Precisamente, en ésta última aparece como epígrafe un fragmento de La Eva futura.

Ghost in the Shell

El diálogo de épocas no se agota en el cine, también tiene su espacio en videoclips como All is full of love (1999) de Björk, o la canción de Maëlle Toutes les machines ont un coer (2019), que nos advierte que aún detrás de los ordenadores seguimos teniendo un corazón que late. De manera que la ciencia ficción como clave política nos permite perfilar en el entramado histórico con una mirada crítica.


Lavinia Laviosa, nacida en un Königsberg del Py, exiliada en Buenos Aires por disidente. Estudiante de Filosofía en el estigma del ostracismo. Sufre de bovarismo.

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